El lunes 18 de mayo del 2015 impartí en Casa AIRPEC Cancún el taller ¿Cómo aprendo?Este taller forma parte del archivo histórico de Amplía tu Visión.
¿De qué se trata?
Para enfrentar un reto necesitas una habilidad; para adquirir una habilidad necesitas un aprendizaje, y para lograr un aprendizaje necesitas vivir una experiencia. En este taller descubrimos el método más efectivo para adquirir nuevas habilidades y resolver los retos del día a día, analizando nuestras propias experiencias de aprendizaje.
Trabajamos con las cuatro etapas del aprendizaje (ignorancia, información, conocimiento y sabiduría) y con los «enemigos del aprendizaje», esas creencias que nos impiden aprender algo nuevo.
Si te interesa el tema, puedes ver la entrada completa del taller ¿Cómo aprendo? o escuchar el episodio 002 de Amplía tu Visión Radio.
Archivo histórico: marzo de 2015. El blog original ya no está en línea, pero el artículo se conserva en Internet Archive.
Les quiero compartir mi primera colaboración en un blog amigo. Zayda Cadengo me invitó a participar en su sitio Unschooling, aprendo en libertad, dedicado a la educación de los hijos en el hogar. Me propuso escribir una serie de ocho entregas sobre aprendizaje en la sección «Aprendamos juntos», y esta fue la primera: «¿Cómo aprendo?».
Mi carrera no está directamente relacionada con el unschooling, pero sí con la educación y el aprendizaje, así que quise ofrecer una mirada desde la Ontología del Lenguaje, la disciplina de la que se deriva el coaching ontológico.
Las cuatro etapas del aprendizaje.
Las 4 etapas del aprendizaje (con una bicicleta)
Para explicarlo usé un ejemplo que todos conocemos: aprender a andar en bicicleta.
Ignorancia – inconscientemente incompetente («no sé que no sé»). De niños vemos pasar a otros sobre un objeto extraño y nos invaden la curiosidad y las emociones. Esta etapa nunca termina: todos los días se nos puede presentar algo que ni sabíamos que existía.
Información – conscientemente incompetente («sé que no sé»). Conseguimos una bicicleta y, al perder el equilibrio por primera vez, nos damos cuenta de que no sabemos usarla, pero también de que queremos aprender.
Conocimiento – conscientemente competente («sé que sé»). Después de varias caídas entendemos cómo avanzar, girar y frenar. Todavía tenemos que pensar cada paso y poner toda la atención, y con la repetición la técnica mejora.
Sabiduría – inconscientemente competente («no sé que sé»). Llega un momento en que lo hacemos de forma tan natural que ya no pensamos qué pie va primero. Desde ahí podemos seguir practicando hasta la maestría.
La clave está en atravesar la primera etapa sin orgullo: tener la humildad de decir «no sé», que es lo que nos permite decir «pero quiero aprender». Si nos quedamos en la posición del sabelotodo, cerramos la puerta a lo desconocido, a la experiencia y a la práctica.
Maravíllate, observa, escucha, pregunta, intenta, practica y vuélvete un experto.
Archivo histórico (enero de 2015): la oferta de educación en línea ha cambiado desde entonces; consulta las convocatorias vigentes directamente en los sitios oficiales de cada institución.
Sin duda la educación en línea se está volviendo más común en nuestros días, donde las tecnologías WEB han evolucionado de una manera poderosa al incorporar videos grabados que nos pueden mostrar los conceptos de una manera más visual y también las videoconferencias en tiempo real dándonos la posibilidad de asistir a clases virtuales con un maestro en vivo a nuestra disposición.
La capacitación es, sin duda, una de las mejores inversiones que puedes hacer, porque es un recurso que permanece contigo por el resto de tu vida. Un auto se deprecia, la ropa pasa de moda, pero cuando adquieres un conocimiento y lo conviertes en habilidad, se queda contigo e incluso puede convertirse en una fuente de ingresos.
Informarse no es lo mismo que aprender
Hoy tenemos más información que nunca: cursos, videos, artículos y tutoriales a un clic de distancia. Pero acumular información no es lo mismo que aprender. Aprender es adquirir una habilidad: ser capaz de hacer algo que antes no podías. Por eso, la mejor capacitación es la que pones en práctica.
¿Por qué no nos capacitamos?
«No tengo tiempo». Muchas veces sí lo tenemos, pero lo dedicamos a otras cosas.
«Es muy caro». Hay muchísimas opciones gratuitas o de bajo costo; a veces lo único que necesitas invertir es tu tiempo y tu atención.
«Ya estoy grande para eso». La ignorancia es un estado permanente: siempre hay algo nuevo que aprender, a cualquier edad.
«Dado como soy, no puedo aprender eso». Uno de los grandes enemigos del aprendizaje es la historia que contamos de nosotros mismos.
Hazte responsable de tu aprendizaje
Nadie está obligado a educarte; la responsabilidad de seguir aprendiendo es tuya. Pregúntate: ¿qué habilidad me haría falta para lograr lo que hoy quiero? ¿Un idioma, una herramienta digital, aprender a vender, a hablar en público, a manejar mis finanzas o mis emociones? Elige una, búscala y comprométete a practicarla.
Por eso te invito a que te capacites y que no dejes pasar la oportunidad cuando se te presente. Declárate un eterno aprendiz.
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